"El Hierro y el Alma" de Henry Rollins

Normalmente, se tiene una imagen estereotipada de las personas que entrenan con pesas, muchos de los que entrenan con pesas contribuyen a esta imagen al comportarse de una forma puramente superficial, pero habemos muchos para los cuales el entrenamiento con pesas significa mucho más, este artículo lo ejemplifica bastante bien:

El ensayo fue escrito por Henry Rollins, traducido por mí.
"El Hierro y el Alma"

Creo que la definición de la palabra definición es la reinvención. El no ser como tus los padres. El no ser como sus amigos. Sino el ser uno mismo. Completamente.

Cuando yo era joven no tenía sentido de mí mismo. Todo lo que era, era un producto de todo el miedo y la humillación a la que había sido sometido. El miedo a mis padres. La humillación de mis profesores que me llamaban "basura" y me decían que estaría cortando céspedes por el resto de mi vida. Y el terror muy real hacia mis compañeros. Yo era amenazado y golpeado por el color de mi piel y mi tamaño. Era flaco y torpe, y cuando los demás se burlaban de mí, nunca iba corriendo a casa llorando, preguntándome por qué. Yo lo sabía muy bien. Yo estaba allí para ser antagonizado. En los deportes se reían de mí. Era un fracaso. Era bastante bueno en el boxeo, pero sólo porque el enojo que me llenaba a cada momento, me hacia salvaje e impredecible. Luchaba con una furia extraña. Los otros chicos pensaban que estaba loco.

Me odiaba a mí mismo todo el tiempo. Tan estúpido como me parece ahora, yo quería hablar como ellos, vestirme como ellos, caminar por los pasillos con la tranquilidad de saber que no iba a ser golpeado entre clases.

Pasaron los años y aprendí a mantener todo en mi interior. Yo sólo hablaba con algunos chicos en mi grado. Otros perdedores. Algunos de ellos son, hoy en día, las mejores personas que he conocido. Sal con un chico al que le han sumergido la cabeza por el inodoro un par de veces, trátalo con respeto, y encontrarás un amigo fiel para siempre. Pero incluso con esos amigos, la escuela apestaba. Los maestros me trataban mal. La verdad es que yo no les tenía mucho respeto tampoco.

Luego conocí al Sr. Pepperman, mi consejero. El era un veterano de Vietnam, bastante fuerte, y fue aterrador. Nadie hablaba fuera de turno en su clase, una vez un niño lo hizo y el Sr. P. lo levanto del suelo y lo estrello contra la pizarra.

El Sr. P. podía ver que estaba en mala condición, y un viernes de octubre, me preguntó si yo alguna vez había hecho pesas. Le dije que no. Él me dijo que tomaría parte del dinero que tenía guardado e iba comprar un conjunto de pesas de cien libras en Sears. Al salir de su oficina, me puse a pensar en las excusas que le diría el lunes cuando me preguntara acerca de las pesas que no pensaba comprar. Sin embargo, ese gesto me hizo sentir especial. Mi padre nunca llego a preocuparse de esa forma por mí. El sábado me compré las pesas, pero ni siquiera las pude arrastrar hasta el coche de mi madre. Un asistente de la tienda se reía de mí mientras las llevaba al carro.

Llegó el lunes y me llamaron a la oficina del Sr. P. después de la escuela. Dijo que me iba a enseñar a entrenar. Él me iba a poner en un programa de entrenamiento y empezaría a golpearme en el pecho, en el pasillo cuando yo estuviera distraído. Cuando pudiera soportar el golpe sabríamos que estábamos teniendo progreso. En ningún momento podía mirarme en el espejo o decirle a alguien de la escuela lo que estábamos haciendo.

En el gimnasio me mostró diez ejercicios básicos. Puse más atención que en cualquiera de mis clases. No quería arruinar esto. Me fui a casa esa noche y comencé de inmediato, pasaron las semanas, y de vez en cuando el Sr. P. me daba un golpe y me mandaba volando por el pasillo, enviando todos mis libros al aire. Los otros estudiantes no sabían ni qué pensar. Más semanas pasaron, y yo estaba constantemente añadiendo más peso a la barra. Podía sentir el poder dentro de mi cuerpo cada vez mayor. Yo podía sentirlo claramente.

Justo antes de las vacaciones de Navidad yo me dirigía a clase, y de la nada el Sr. Pepperman apareció y me dio un golpe en el pecho. Yo solo me reí y seguí mi camino. Él me dijo que ahora ya podía mirarme en un espejo. Llegué a casa y corrí al baño para quitarme la camisa. Ahí vi un cuerpo, no sólo la cáscara que albergaba mi estómago y mi corazón. Mis bíceps eran fuertes. Mi pecho se había definido. Me sentía fuerte. Era la primera vez en mi vida, que recuerdo haber tenido un sentido de mí mismo. Yo había construido algo y nadie me lo podía quitar. Ahora no me podías decir absolutamente nada que me afectara.

Me tomó años para apreciar completamente el valor de las lecciones que he aprendido del Hierro. Yo solía pensar que era mi adversario, que estaba tratando de levantar lo que no quiere ser levantado. Estaba equivocado. Cuando el hierro no quiere levantarse de la colchoneta, es lo más amable que puede estar haciendo por ti. Si solo volara y atravesara el techo, no te estaría enseñando nada. Esa es la forma en la que el Hierro te habla. Te dice que el material con el que trabajas es a lo que te puedes llegar a parecer. Que la resistencia que quieres superar, no siempre va a estar a tu favor.
No fue hasta que casi cumpliera treinta años que aprendí que entrenando me había dado a mí mismo un gran regalo. Aprendí que nada bueno viene sin esfuerzo y una cierta cantidad de dolor. Cuando termino una serie que me deja temblando, yo me conozco mejor a mí mismo. Cuando algo me sale mal, yo sé que no puede llegar a ser tan malo como el entrenamiento.

Yo solía luchar contra el dolor, pero recientemente esto se hizo evidente para mí: el dolor no es mi enemigo, es mí llamado a la grandeza. Cuando se trata del hierro, hay que tener cuidado de interpretar correctamente el dolor. La mayoría de lesiones relacionadas con el hierro son causadas por el ego. Una vez pasé un par de semanas levantando un peso que mi cuerpo no estaba preparado para levantar, y pase unos meses sin recoger nada más pesado que un tenedor. Trata de levantar un peso para el que no estás preparado y el hierro te enseñará una lección acerca de la moderación y el autocontrol.

Nunca he conocido una persona verdaderamente fuerte que no tuviera auto-respeto. Creo que muchos que se desprecian internamente, lo dirigen hacia el exterior y lo hacen pasar por respeto de sí mismos: la idea de elevarse a ellos mismos al subirse en los hombros de los demás en lugar de hacerlo por ellos mismos. Cuando veo a los chicos que entrenan únicamente por razones cosméticas, solamente veo una expresión de vanidad en la peor manera posible, como personajes de dibujos animados, manifestaciones de desequilibrio e inseguridad. La fuerza se revela a través del carácter. Es la diferencia entre los fortachones que se emocionan intimidando a la gente y la gente como el señor Pepperman.

La masa muscular no siempre es un signo de fuerza. La fuerza se manifiesta a través de la bondad. La fuerza es la comprensión de que el poder es tanto físico, como emocional. Que es la conjunción del cuerpo y la mente. Y el corazón.

Yukio Mishima, dijo que no podía aceptar la idea de romance, si no era fuerte. El romance es una pasión tan fuerte y abrumadora, que un cuerpo débil no puede sostenerla durante mucho tiempo. Algunos de mis pensamientos más románticos llegan a mí cuando estoy con el hierro. Una vez que estaba enamorado de una mujer. Pensaba en ella mucho más cuando el dolor de un entrenamiento estaba corriendo por mi cuerpo. Todo en mí ser la quería. Tanto así que el sexo era sólo una fracción de mi deseo total por ella. Fue el amor más intenso que he sentido hasta ahora, pero ella vivía lejos y yo no la veía muy a menudo. El entrenamiento era una forma saludable de lidiar con la soledad. Incluso hasta el día de hoy, cuando hago ejercicio, escucho baladas.

Normalmente prefiero entrenar solo. Esto me permite concentrarme en las lecciones que el hierro tiene para mí. Aprender acerca de lo que estás hecho siempre es tiempo bien gastado, y no he encontrado mejor maestro. El hierro me ha enseñado como vivir.

La vida es capaz de volverte loco. La forma en la que todo se conduce en estos días, es una especie de milagro si no estás loco ya. Las personas han quedado separadas de sus cuerpos. Ya no se comportan como un todo. Los veo moverse de sus oficinas hasta sus coches y hacia sus hogares suburbanos. Ellos se encuentran en un estado de estrés constante, duermen mal, comen mal. Y se comportan mal. Su ego corre salvajemente, y lo único que los motiva es lo que finalmente los terminará matando. Ellos necesitan una mente de hierro.

A través de los años, he aprendido a combinar la meditación, la acción, y el hierro en una sola motivación. Creo que cuando el cuerpo es fuerte, la mente piensa pensamientos fuertes. El tiempo que paso lejos del de hierro hace que mi mente se empiece a degenerar. Empiezo a revolcarme en una depresión espesa. Mi cuerpo se apaga, luego le sigue mi mente. El hierro es el mejor antidepresivo que he encontrado. No hay mejor manera de combatir la debilidad más que con fortaleza. Una vez que la mente y el cuerpo se han despertado a su verdadero potencial, es imposible dar marcha atrás.

El hierro nunca te miente. Puedes caminar por el mundo y escuchar a toda clase de palabrerías, te pueden decir que eres un dios o un hijo de puta total. El hierro siempre te va a demostrar la verdad. El hierro es el gran punto de referencia, el que da la perspectiva de que todo lo que se sabe. Siempre está ahí, como un faro en la obscuridad. He encontrado que el hierro es como mi mejor amigo. Nunca se vuelve loco por lo que digo, nunca se aleja. Muchos amigos pueden ir y venir. Pero doscientas libras, siempre son doscientas libras.

2 comentarios :

  1. Interesante, comparto tu idea. EL hierro y la gravedad, cuausan un dolor de lo mas sano, es regenerativo, mental y fisicamente. saludos.

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  2. Saul Feliciano:

    El Hierro es como la vida si lo respetas y trabajas duro te dara grandes satisfacciones.

    Tu maestro realmente fue un gran amigo... Felicidades

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